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Sin pisar el charco

Qué difícil elegir el momento,
saber cuándo dar el salto
o permanecer.

Guardar el silencio oportuno
cuando es oportuno guardarlo,
o salvar de un brinco el charco
con la justa palabra para salvarlo.

Qué difícil elegir el momento;
ser dueño de tus palabras
igual que de tus pensamientos.

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LA CALMA DE LA PRISA

Da miedo el papel en blanco;
vértigo la pantalla vacía,
su rítmico parpadeo vascular,
su pausa taquicárdica.

Como sentir la prisa que habita en la espera,
en la angustiosa eternidad de un aeropuerto;
cuando la tarde se posa en los cristales
o se disuelve en las páginas de un libro,
o en la suave parsimonia del atasco
que serpentea una tarde de regreso.

Como tener un verso entre las manos
y no poder escribirlo.

Pero hay también quien piensa
que ya todo estaba escrito
y que solo se trata de copiarlo.

.

TARDE DE JUEVES SANTO

En primer plano los pájaros,
cada cual con su canción diferente.

Detrás se aprecia algún perro
poniendo las notas más bajas.

Al doblar un coche la esquina,
ataca con metales de claxon,
dando el forte a la suave música
que sesteaba la tarde de jueves.

Los niños, al son de la plaza,
le ponen sus versos de estribillo.

Y el vecino martillea su staccato,
cincelando una bronca partitura.

Todos forman un coro discordante,
pero, curiosamente, afinado.

.

Como la vida…

Dejad que el río siga,
como la vida, su curso;
que se desmonte sin prisa,
que en la curva dormida
entre placeres de siesta,
se adivinen las tardes
de los besos de entonces.

Dejad que el río siga
entre brillos de bronce;
que le lleve su calma
a la prisa del barco;
que termine en la playa
donde duermen las olas,
y que muera escuchando
los ruidos del puerto.

Dejad que el río siga
y que siga viviendo
en todas las miradas
que han sabido mirarlo.

Pensando en Federico…

Las lenguas comadres serpentean,

entre sombras, por la noche negra.

En las rejas entrega su canto

la niña de la luna de plata

que anida en un hombro moreno.

Herramientas y artesanos

El bolígrafo, un cincel;
el papel, una cantera;
La poesía, la escultura
que del papel amanece.

La poesía, una gimnasia
que el espíritu mantiene
y lo hace más flexible,
y le ensancha el horizonte,
y le aclara la mirada.

La poesía, perfecta alianza
entre la palabra escrita
y su belleza sonora.
Y el poeta, doliente artesano
que su armonía procura.

ESTA ESPAÑA

Erial de campos de golf
y de absurdas rotondas,
rotondas absurdas,
absurdas rotondas…
De soledades de autopista
y herrumbrosas construcciones.
De polideportivos sin deporte
y palacios sin congresos.
De políticos megalómanos
y de fraudes con corbata.
De desfalcos desde el palco
y prostitución de polígono.
De ambición de señor conde
y corrupción de partido.
De trajes de Versace
y almas de bandolero.
Es la España que no quiero;
yo me esperaba otra cosa.